Se casó con el mar

Yo lo amaba… ¿por qué?
Porque él me hizo sentir todo y nada cuando apenas era una niña inocente.

Porque él me hizo sentir el amor, un amor tan real y puro que no volví a sentir por nadie.

Lo esperaba con ansias cuando se embarcaba, esperaba su llamada. Solo quería saber que estaba bien.

Siempre supe que no era mío aunque con sus palabras me decía lo contrario. Llegué a ver lo mejor y peor de él pero no me importaba… Yo lo amaba.

Mi amor era puro, no me importaba nada. Sabía que era prohibido, dañino e ilegal. Yo solo quería sentir su perfume, sus labios y su piel.

Él nunca me eligió…

Todo fue tan prohibido y a destiempo, nunca pudimos vivir ese amor y pasión que tuvimos uno por el otro. Las olas siempre fueron celosas de lo nuestro y al final… Él se casó con el mar.

Yo era el día y él eligió la noche, yo era la tierra y él eligió las olas. Lo único que compartíamos era la luna cómplice de nuestro amor.

Tantos amaneceres escuchando tu voz pero siempre tan lejano, no es tu culpa, yo lo sabia y no lo acepte. Nunca fuiste para mí.

Pero aunque te casaste con ese mar nocturno y me dejaste como a “la loca del muelle de san Blas” puedo llevarme a esta tumba todos los buenos recuerdos.

Tus besos, las llamadas, los amaneceres, el olor de tu perfume que me enloquecía, tu sonrisa, tus malos vicios. Todo lo llevo conmigo.

Marino…

Vive siempre feliz mi amor eterno.

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